ORIGEN DE LA CASONA COLONIAL AREQUIPEÑA
La ciudad de Arequipa fue fundada y poblada por orden del conquistador español del Perú, Francisco Pizarro, en 1540. Desde su inicial traza y crecimiento urbanos, mantuvo particularidades que han hecho que su arquitectura colonial sea considerada como la más original de América, pues tanto el español que se afinca en su suelo, como el nativo que ya lo habita, enfrentaron juntos para construirla un material novedoso para ambos: el sillar, esa piedra producto del tufo de sus volcanes.
Así, en el trabajo del sillar, se encuentran dos culturas muy distintas que producen de inmediato un mestizaje en la forma de edificar y decorar construcciones civiles y religiosas. La traza de las plantas de casas y templos se hacen a la manera europea, pero las exornaciones talladas en las fachadas se interpretan con la visión prehispánica y se ejecutan con carácter de fusión creadora. Con el tiempo, a esta multicultural manera de construir, se suma la necesidad de ensanchar y fortalecer con contrafuertes sus paredes, dejar de lado la teja para sus techos y olvidar segundos pisos, pues los terremotos se suceden con frecuencia que exige replantear los modos constructivos de viviendas y templos, agregando al factor cultural el telúrico en la edificación de la ciudad y, por lo tanto, en la idiosincrasia del arequipeño.
Con estas fusiones, en los siglos XVII y XVIII, se configura la arquitectura colonial arequipeña como un arte típicamente regional y de gran influencia en la parte sur del “reino”, la misma que llega al norte de Argentina pasando por Bolivia. Esta arquitectura tendrá como estilo una mezcla de muchos otros, pero un común denominador, el que con el tiempo tomaría el nombre de Barroco, y que se expresaría también en pintura e imaginería que habitarán los interiores. Este arte regional, que no solo ha configurado la personalidad de la ciudad sino que ha forjado al arequipeño como ser que responde a retos con creatividad y fortaleza, ha devenido en la mejor expresión física de la región, cargada de elementos estéticos como resultado artístico de interculturalidad y adaptación al medio. Expresión que se traduce en formas y volúmenes de nuestras casonas que propios y extraños recogen y salvan del olvido en pinturas, fotografías y documentales.
Sin embargo, sin reconocer estos valores en nuestra arquitectura colonial e identidad cultural, sus propios habitantes destruyen las casonas, sus bóvedas, arquerías, patios y zaguanes, borrando para siempre la carga estética e histórica que es nuestro principal motivo para llamarnos arequipeños y única razón de ser, junto con la campiña, de nuestra ciudad como atractivo turístico con original e irrepetible patrimonio cultural. Esta es la razón de la elección de la conservación de nuestras casonas como tema en el V CONCURSO ESCOLAR ASDEPROA DE DIBUJO Y PINTURA.
Eduardo Ugarte y Chocano
Vicepresidente de ASDEPROA



La Casona


